Buen y resacoso día post-Oscar, ¿dispuestos a leer una crónica más sobre la gala de anoche?; ¿queréis leer lo mismo que escriben otr@s cronistas poseídos por una misma corriente?; entonces dejad de leer, porque ya sabéis que en Plan de Rodaje tenemos mucha personalidad e intentamos marcar la diferencia –se disculpe la chulería “tarantiniana” sin tacos 😉 -.

Vamos a lo importante, la 87º Edición de los premios de la Academia de Hollywood, nuestros Oscar de toda la vida. Y empecemos sentando unas bases, las siguientes:

  1. Amamos a Benedict Cumberbatch, Neil Patrick Harris, Jack Black y Michael Keaton sobre todas las cosas.
  2. Los veneramos cual dioses porque son lo más “cool” y unos auténticos “Fucking Bosses, man!”
  3. Seguir su ejemplo es nuestro camino.

Mandamientos aparte, y queriendo ser originales homenajeando narrativamente al oscarizado Inárritu, analicemos la gala desde el final y con algún salto en el tiempo o elipsis.

El final del show vino con el recién homenajeado en Los César, el gran Sean Penn, y con el merecidísimo Oscar a mejor película a la joya “Birdman”, un Alejando González Inárritu pletórico con gran parte de su equipo acompañándole en el escenario, se acordó de Alfonso Cuarón, de Guillermo del Toro, e incluso dio la palabra al eterno Michael Keaton, ya que no pudo subir en su candidatura a mejor actor. Y es que como se mencionó en el Especial “¡Marchando una de Oscars!”; el duelo estaba en esta categoría entre el ”Atlético de Birdman” y el “Real Boyhood”; y como en su paralelismo futbolístico, ganó por goleada la pasión desmedida de este “Atlético” en contra de la armonía y asentamiento del otro “Real”, esta vez no fue un 4-0, sino un 4 oscars (película, director, fotografía, guión original) de “Birdman” a 1 (mejor actriz de reparto-Patricia Arquette-) de “Boyhood”. Merecido triunfo del film del vibrante realizador mexicano, eso sí, sin desmerecer jamás a la maravillosa “Boyhood”, que tal vez su etiqueta de favorita desde antes de su estreno le haya pasado factura.

Continuamos desgranando la gala desde el final, con los Oscars de interpretación protagonista; en esta categoría estaba más que claro que la magistral y memorable mímesis de Eddie Redmayne en “The Theory of everything”, y la grandiosa –siempre- Julianne Moore por “Still Alice” iban a unirse de nuevo en un fotograma, en este caso de ganadores, tras ser madre e hijo en la turbadora “Savage Grace” (momento perfecto para revisitar este film y degustar otras dos grandes interpretaciones del joven titán de Eddie y la diosa pelirroja, en esta ocasión, juntos). Agradecimiento emocionante, vibrante el de Redmayne y con esa dicción tan maravillosa que sólo los actores británicos tienen, y que a esta servidora, apasiona; y discurso de dama del cine el de Moore.

Llegó el momento de mejor director, salió el gran e infravalorado Ben Affleck y cuando sonó el nombre de Iñárritu, ya se asentaba que la mejor película del año también iría a casa del realizador mexicano. Y nos encantó la mención a que llevaba unos calzoncillos de uno de nuestros dioses, Michael Keaton.

Los platos fuertes que determinarían a quién iban a ir los galardones en las principales categorías fueron los de mejor guión adaptado y sobretodo el mejor guión original; de hecho, en este momento de la gala, la mayoría pensaba en la posible sorpresa que podría dar “The Grand Budapest Hotel”, ya que hasta entonces sumaba 4 oscars y parecía que iba embalado, el film de Anderson, hacia la meta, pero “Birdman” tomó la delantera y se llevó el de mejor guión original.

El mejor guión adaptado fue para “The Imitation Game”, y aquí se dio uno de los momentos de la noche. Graham Moore puso la piel de gallina en un discurso en el que declaró su intento de suicido hace unos años porque la gente le hacía sentir “diferente” y un bicho raro; y con un “Mirad dónde estoy ahora” se ganó la merecida ovación de la sala. Y es que “The imitation game” no pasará a la historia del cine, pero es de obligado visionado para ver una de las mayores barbaridades e injusticias de la historia de la humanidad provocadas a un hombre fundamental en la derrota al nazismo y que denostaron de la manera más cruel por su tendencia sexual y que provocó su evitable suicidio, y hasta 2013 no levantaron esos “cargos absurdos”, en fin, anécdotas de la historia que claman al cielo por lo deshumanizado de la situación y la falta de cordura. Y por supuesto, también hay que verla porque sale otro de nuestros dioses supremos de lo cool, nuestro Benedict Cumberbatch.

Respecto al apartado musical, el Oscar a mejor banda sonora original fue a parar al francés Alexandre Desplat y, por lo tanto, al universo de Wes Anderson –sus cuatro Oscars (BSO, diseño de producción, maquillaje y vestuario) están relacionados con el aspecto estético de su mundo, lo que le hace único-. La mejor canción fue otro Oscar “cantado”-nunca mejor dicho-, fue otorgado a “Selma” y el tema Glory. Otro de los discursos de la noche, John Legend afirmando una cuestión que pone los pelos de punta “Ahora en 2015 hay más negros encarcelados que negros esclavizados en el siglo XIX”. Sin duda la gala, tuvo una marcada denuncia social, el  supuesto racismo de la academia que afirmaban algunos, estuvo latente y que no hubiera más reconocimiento para “Selma” ni para ningún profesional negro en ninguna de las categorías. EL show intentó paliar los ánimos enfocando a actores negros y siendo presentadores de muchas de las categorías.

El mejor documental fue “Citizenfour”, extraordinario documental y controvertido dirigido por Laura Poitras y protagonizado por Edward Snowden, y con sólo una mención al discurso de la realizadora de este imprescindible documental resumimos su sinopsis “Gracias a Edward Snowden por su valor, a los informadores y a los periodistas que destapan la verdad”.

Y vamos con mi “ojito derecho”, mi “niña mimada” de esta 87º edición de los Oscars, “Whiplash” con tres merecidísimos galardones-yo hasta hubiera hecho una mención especial  a Damien Chazelle por ser el descubrimiento fílmico del año- (mejor mezcla de sonido, mejor montaje y mejor actor secundario-J.K. Simmons-) y no le dieron el de edición de sonido porque el bueno de “Harry el Sucio”, nuestro adorado, pero en horas bajas, Clint Eastwood, se llevara éste por su “American Sniper”.

La mejor película de animación fue para la menor, en mi opinión, “Big Hero 6”, una vez más Disney gana a Dreamworks. Bajo mi punto de vista “Cómo entrenar a tu dragón 2” merecía por goleada el galardón, pero bueno “c’est la vie”.

En cuanto a mejor película de habla no inglesa, no hubo sorpresas tampoco, “Ida” consiguió llevarse a Polonia un merecido oscar, aunque sentíamos debilidad por “Relatos Salvajes”.

Y ahora nos centramos en los premios al mejor actor y actriz de reparto, aunque protagonistas por su grandes discursos de recogida del premio. J.K Simmons, ganador por la gran “Whiplash” fue el primero en sorprendernos con una alocución algo surrealista pero no exenta de verdad, dijo de forma tajante y como si su personaje le hubiera poseído: “No mandéis mensajes de texto a vuestros padres, llamadles directamente, hablad con ellos, son los más importante de la vida”, y cualquiera no hace caso al bueno de Simmons.

Y por otro lado se encuentra Patricia Arquette, ganadora por la deliciosa “Boyhood”, que provocó uno de los momentos de la noche, con una Meryl Streep jaleando y apoyando con gran efusividad las palabras de la actriz en las que demandaba la injusticia de la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres. Deseó, reclamó que los salarios sean iguales para hombres y mujeres, y sin duda, demostró la inteligencia de una actriz infravalorada durante demasiado tiempo y que, esperemos, gracias a este Oscar, la pongan de nuevo en el sitio que merece.

Y qué decir de “Boyhood”, pues que como decíamos antes, la presión de ser favorita durante tantos meses le ha pesado, que el hecho de no haberse hecho con más estatuillas, no quiere decir nada más que este año había una competencia muy equilibrada e igual de buena, y que sigue siendo una de las películas del año, y admiramos a Richard Linklater y estamos convencidos de que llegará ese reconocimiento de la Academia a un realizador y contador de historias imprescindible y único en la cinematografía mundial.

Y para finalizar, acabemos con el principio magistral, soberbio, inmejorable de la gala, con un número musical acompañado de un montaje de imágenes y un despliegue escénico apto para amantes de los que amamos la realización de los buenos shows y el teatro; y con otro de nuestros dioses, un Neil Patrick Harris espectacular en este inicio, como cabía esperar, y acompañado de una fantástica Anna Kendrick; y con la sorpresa de otro de nuestros adorados, el hilarante y espectacular Jack Black.

En la mayoría de crónicas tienden a comparar al bueno y “multitalento” de Neil con la maravillosa gamberra de Ellen DeGeneres, y cierto es que la ceremonia del año pasado fue la más vista desde hace catorce años y Ellen fue la protagonista absoluta del show, con momentos que sí pasarán a la historia, está claro que su ingenio, rapidez, agilidad, capacidad de improvisación son únicos y es lo que necesita una gala de tan larga duración, pero aquí hemos dejado claro que uno de nuestros mandamientos es amar a Neil Patrick Harris sobre todas las cosas, y vale que salvo el inicio de la gala, y el guiño a “Birdman” con nuestro host saliendo semidesnudo al escenario tras recorrer el backstage a lo Keaton, a Neil le vimos poco y fue bastante desaprovechado por los productores y realizadores de la ceremonia, pero pasamos de las comparaciones, y sólo podemos decir:

¡GRACIAS POR EXISTIR NEIL PATRICK HARRIS!

PD: …y Cumberbatch, Keaton y Black…¡siempre!

 

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