“Titanic 3D”, haciendo el uso justo de las tres dimensiones

Titanic 3D
Publicado por: Jesús Álvaro el 16 abril, 2012

Anoche, coincidiendo con el centenario del hundimiento del Titanic, fuimos a ver el reestreno de la película de James Cameron en 3D.

No vamos a descubrir nada ahora, Titanic fue una obra de arte en su lanzamiento allá por 1997. Su director nos convertía en pasajeros del barco, nos enamoraba de los protagonistas y nos metía de lleno en una catástrofe. Con el reestreno en 3D, James Cameron se ha encargado de limpiarla y darle esplendor remasterizándola en soporte digital a 4K, por lo que la imagen es perfecta, bella…espectacular.

La conversión al 3D, personalmente, está bastante bien y la experiencia resulta más real y espectacular que nunca. Si bien es cierto que no es un continuo deleite del 3D, Cameron ha sabido tocar y aprovechar la tecnología muy bien.

Titanic gana en las distancias cortas. ¿Qué quiere decir esto?. En los planos generales del barco, el 3D pasa totalmente inadvertido. La enormidad del mar hace que esos planos, ese efecto visual, no se note prácticamente. Por el contrario, en los planos cortos, en los salones interiores del barco o en la sala de máquinas, el detalle es tal, que descubres una nueva magia, un figurante que antes ni llegabas a ver, en definitiva, otra perspectiva de la película.

Las escenas en las que Jack y Rose intentan salvarse del hundimiento, la angustia es la misma de siempre e incluso potenciada por las escenas de caídas e inundaciones de las habitaciones y pasillos. La secuencia de la inundación de la cabina del capitán Smith, por ejemplo, me resultó fantástica.

Otro momento destacado del 3D es en la parte final del hundimiento, en la que Jack y Rose están subidos en la barandilla y puedes sentirte en ella también con el agua cada vez más cerca.

Dificil de expresar con palabras cuando lo mejor es ver y sentir. Si estás buscando una nueva película, mejor no la veas, si quieres sentir mayor realidad y calidad, sin duda, no te la pierdas.

James Cameron y su tocayo James Horner logran, 15 años después, volver a llenar las salas de medio mundo, y no solo eso, vuelven a inundarlas de pañuelos y moqueos.

Una obra de arte atemporal.


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